(Para mí)




Llevo algunos días dándole vueltas a esta idea. Esto de evadir la Navidad o saltármela. A estas alturas puedes estar pensando que soy una especie de Grinch (¡el cabello como lo tengo ahora ayuda mucho en la imagen!). De hecho, yo misma me he llegado a considerar así. La historia del Grinch tiene que ver con robar los regalos, porque finalmente son estos lo que «hacen» la Navidad. Sin embargo, en el libro (y en la película) se concluye que el verdadero espíritu navideño no está en todas esas cajas envueltas en papeles rojos y verdes. Por el contrario, como lo dice el texto en Wikipedia: «el principal significado de la Navidad es pasarla con la familia». 

Y aquí es donde entro en trompo. Hace unos días iba conduciendo por una avenida principal en Lima, la ciudad donde vivo, y vi en un panel publicitario la frase: «Eres lo que regalas». No recuerdo de qué marca era la publicidad, solo sé que en ese momento sentí lo que podría llamar indignación. Inmediatamente redireccioné mi pensamiento –que es algo que estoy acostumbrándome a hacer, algunas veces con excelentes resultados y otras con consecuencias que rayan con la catástrofe–y generé este nuevo concepto en mi mente: ¡Claro! Si regalo amor, Soy Amor. Pero dudo que eso sea lo que el anuncio haya querido generar. La verdad de lo que pienso es que esta época es la de mayor consumismo hueco que existe y que ninguna otra época se le parece en términos de lo que la gente gasta para «demostrar» que el otro «le importa». 

Pero no solo se trata de lo que gastamos en términos financieros. También en emocionales y energéticos. Hace poco compartí en mi Facebook personal el siguiente post:



Estas tres frases resumen lo que quiero decir en este texto. Aunque nos hayan hecho creer que «Navidad es regalos» o «Navidad es familia», lo que creo es que nada se puede celebrar si no logro sentir en mi corazón el Amor de Dios (esto suena súper religioso, ¡pero nada que ver!). Y ese sentimiento no es algo sencillo de encontrar. Requiere mirarnos una y otra vez bien adentro, reconocernos, respetarnos, tenernos compasión, ser pacientes con nosotros mismos, creer que sí podemos crear lo que anhelamos desde el corazón, amarnos incondicionalmente y estar dispuestos a renunciar a todo lo que creíamos que era para permitirnos recibir lo que realmente es

Entonces, hoy que conversaba con mi hijo sobre lo que era la Navidad para él y luego de escucharlo decir cosas bastante típicas (obviamente, no tendría porqué ser diferente) y ante su repregunta de: ¿Qué es para ti la Navidad?, yo solo pude decirle que a estas alturas sé lo que no es. Navidad no es regalarle cosas a la gente, sea quien sea. Navidad no es reunirte una noche en familia cuando el resto del año prácticamente ni se visitan. Navidad no es la publicidad que nos venden. Y mientras escribo puedo comenzar a sentir lo que sí es para mí la Navidad:

1) Es la llamada de mi hijo por celular, pasada la locura de medianoche, para decirme que me ama y lo que le dan ganas de decirme.

2) Es la tranquilidad de pasarlo donde quiero y con quien quiero.

3) Es recibir mensajes reales de amigos y amigas reales, no cadenas ni memes prefabricados.

4) Es que Atom (mi mascota perruna) pueda pasar la noche sin miedo por tantos fuegos artificiales. 

5) Es mirar a los ojos a mi novia y celebrar que es nuestra primera Navidad juntas porque el Universo ha conspirado para que así suceda (¡ese sí es un regalo!).

6) Es el abrazo de las personas que amo, estén donde estén. Solo saber que pueda que me piensen en ese momento, ya me llena de energía bonita, muy bonita.

7) Es recibir regalos hechos a mano o que hayan costado poquito. Nada de montos mínimos. 

8) Es que mi hijo y mis sobrinos aprendan que los regalos no significan nada de nada. Que el abrazo lo significa todo, absolutamente todo. 

9) Es la lágrima libre, por quienes no están.

10) Es la certeza de que cada año seré una mejor persona, porque así lo elijo

Así que quiero terminar este texto deseándote precisamente todo esto. Y también quiero desearte que no recibas cajas llenas de vacío o botellas con aromas sin amor. Que si vas a recibir regalos, que sea en cualquier momento del año (como mis amigas Fio y Dani, que andan maravillosamente navideñas en todo momento). Que la frase de Alicia en el país de las maravillas sea una realidad para todos: «Feliz, feliz no cumpleaños«. Que podamos regalarnos todo el tiempo la cercanía del tacto, la belleza de mirarnos sin dudar y la certeza de escucharnos con amor. Si esto ocurre este 25 de diciembre de 2018 y se repite cada año, colgaré definitivamente mi disfraz de Grinch y me dedicaré a festejar la Navidad.

¿Te hace sentido?//

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